— vivir la cuaresma en familia
Miercoles de Ceniza, inicio del tiempo de Cuaresma.
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.Descargar MIERCOLES-DE-CENIZA-DRAMATIZADO4.mp3
Tierra, polvo y vida
Es miércoles de ceniza y como todos los años iniciaremos el camino que nos llevará a la Pascua escuchando las palabras que nos recuerdan que somos tierra, polvo y que a la tierra regresaremos; pero no sin antes haber hecho la experiencia de la vida.
Una vez más se nos invitará a la conversión y al arrepentimiento, a abrir nuestro corazón a la buena noticia del Evangelio, a la Palabra de vida que nos recuerda que para quienes creemos nada está perdido y siempre habrá un mañana lleno de promesas que el Señor se encargará de cumplir entregando su propia vida.
El tiempo de cuaresma empieza subrayándonos la importancia de saber recordar para darnos la oportunidad de volver a lo esencial de nuestra existencia. Recordar quiénes somos en verdad es un trabajo serio que nos obliga a reconocer las máscaras que nos hemos ido inventando cuando nos hemos alejado de la vida auténtica. ¿Será por eso que un día antes de iniciar este tiempo de peregrinación hacia el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús en muchas partes del mundo se organizan los carnavales con sus comparsas de miles de enmascarados que parodian lo que sería una vida hecha de fiesta y alegría? Comparsas que parecen añorar lo que la Palabra de Dios nos irá diciendo que es la promesa de Dios para quienes se atrevan a entrar por sus caminos dejándose guiar por senderos que llevan a la vida que no se acaba y a la felicidad que va más allá de cualquier festejo.
Y la Iglesia se pone también en camino, desfilará a paso lento, solemne, profundo y meditativo invitando a cada uno de nosotros a no dejar pasar la ocasión de hacer la experiencia de recordar que somos lo más bello que ha salido de las manos de Dios. Que seguimos siendo lo más importante de la creación y que Dios sigue creyendo en nosotros como nadie más puede hacerlo.
A lo largo de las próximas semanas se nos dirá, de muchas maneras, recuerda. Recuerda que eres polvo y, por lo tanto, acaba con la soberbia que te impide reconocer la presencia siempre discreta de Dios en tu vida. Recuerda que eres polvo y que por ello no hay razón para que te asustes de tus caídas, de tus fracasos, de tus debilidades y de tus pecados. El que te ha creado sabe de qué material estás hecho y siempre, como buen alfarero, estará dispuesto a retomar el barro, que somos cada uno, para acariciarlo con sus manos sobre el torno para darle una nueva forma, más bella a cada intento de lograr un día la obra maestra de salida de sus manos.
Recuerda que eres tierra, humus, algo humilde, pero de lo que Dios se ha querido servir para manifestar su grandeza. Somos tierra, es verdad, pero no cualquier tierra, pues en las manos de Dios nos descubrimos como lo más valioso que pueda existir. El recuerdo nos lleva hasta los orígenes de la creación en donde Dios soñó con una humanidad hecha a su imagen y semejanza. Una tierra habitada por el Espíritu de Dios que transforma y enriquece todo lo que toca.
Somos polvo y seguramente poniéndonos en camino hacia la Pascua nos iremos dando cuenta de la fragilidad de nuestras vidas, de los tropiezos y las caídas, de los dolores y sufrimientos, de las miserias y pobrezas que cargamos con nosotros mismos. Nuestro ser polvo nos obligará a reconciliarnos con lo inaceptable de nuestra existencia aceptando que no hemos llegado a ser lo que profundamente anhelábamos. Tendremos que hacer las pases con aquello que nos parece absurdo e intolerable o simplemente con aquello que nos lastima, pues nos resulta inaceptable. El polvo que somos nos recuerda que no tendremos una explicación convincente ante el misterio de la muerte, que no podremos dar una justificación a la pobreza, a la violencia cruda que acaba cada día con tantas vidas. No encontraremos una palabra apropiada para explicar la injusticia, la corrupción, el racismo, la intolerancia, el desprecio y la indiferencia que envenenan la existencia humana.
Porque somos polvo tendremos que hacer una y mil veces la experiencia de entender lo que nos conviene, lo que nos dignifica y lo que nos permitiría vivir en plenitud y luego aceptar con amargura y dolor el actuar que nos lleva a realizar lo que no queremos y lo que no buscamos. Polvo somos que habla de pobreza humana.
Pero el polvo también es capaz de convertirse en tierra fecunda, en espacio de esperanzas que da frutos que nutren y que se convierten en oportunidades de vida auténtica. Somos tierra que reconocida con humildad puede llegar a ser plataforma para lanzarse a grandes espacios. Somos tierra que en las manos de Dios encuentra su esplendor y su sentido; somos tierra destinada a convertirse en lugar sagrado en donde la vida se manifieste como ha sido siempre soñada por Dios.
Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás. Que el recordar durante este tiempo nos ayude a descubrir la presencia siempre fiel del Señor en nuestras vidas. Que nos conceda un corazón abierto para acoger su palabra como lluvia que fecunde nuestras tierras áridas. Que su amor nos reconcilie con nuestras miserias y debilidades. Pero, sobre todo, que nos haga entrar en el misterio de su Vida que brota del misterio de su pasión, de su muerte y de su resurrección.
Buen camino cuaresmal.
P. Enrique Sánchez G. (Misionero Comboniano)